El coaching asistido con caballos favorece la integración cuerpo - mente, permitiendo controlar el estrés y las emociones, asentar la autoridad y mejorar la comunicación.

Es importante precisar que no son necesarios conocimientos ni haber tenido un contacto previo con los caballos. La actividad se desarrolla pie a tierra. No se monta a caballo.

Dada la eficacia del trabajo con los equinos, en una sola jornada se ponen de manifiesto las habilidades sociales del cliente así como la dirección y pautas en las que trabajar. Según nuestra experiencia, contrastada con la del Centro “CreAvenir” en Suiza (www.creavenir.ch), muchos clientes solicitan sesiones periódicas a modo de “recordatorio” de sensaciones, emociones y ajuste. Un ejemplo de ello son los directivos que piden revivir la experiencia durante un par de horas, recreando la percepción de conexión y afirmación frente a los demás.

Los distintos ejercicios propuestos buscan que el cliente sienta físicamente el significado de las siguientes facultades:

  • Liderazgo
  • Delegación
  • Ganar respeto
  • Ganar confianza en uno mismo
  • Generar confianza en los demás
  • Visión global

Con los equipos se trabaja las habilidades de:

  • Comunicación
  • Cohesión
  • Creatividad
  • Atención

Tanto de forma individual como en grupo se consigue:

  • Mejorar la gestión del equipo
  • Mejorar las relaciones interpersonales
  • Flexibilidad, adaptabilidad y gestión de cambio
  • Encontrar el equilibrio justo entre la vida profesional y privada
  • Diseñar la carrera profesional

¿Porqué una sesión de Coaching Asistido con Caballos es cinco veces más eficaz que una tradicional?

El caballo ayuda a desarrollar la concentración mientras nos obliga a centrarnos en nosotros mismos buscando la verdadera determinación o voluntad ante un objetivo.

Por su instinto gregario, de manada, con una jerarquía muy definida, el caballo necesita acatar o mantener el liderazgo. Así, detecta de inmediato la incoherencia o la determinación de un cliente que ha de ganar su confianza para liderarlo.

El caballo aseguró su supervivencia, como animal presa, desarrollando la percepción y visión global de una manera extraordinaria. Esta facultad le permite captar los niveles energéticos que le rodean y que los humanos no apreciamos.
Los pensamientos generan emociones que se convierten en energía a la que el cuerpo responde. Está energía puede ser imperceptible para los humanos o deliberadamente escondida (está estresado pero sonrie). El caballo, con su agudizada percepción, recoge cualquier variación de energía y actúa en consecuencia: se mostrará receptivo, relajado, alegre, juguetón, estresado, desconfiado, etc. Por ello, se suele decir que, en esta modalidad de coaching, trabajamos con “el efecto espejo del caballo”.

La sutilidad reside en que el humano, depredador, consiga ganarse la confianza del caballo, presa, hasta llegar a liderarlo. Es la diferencia fundamental de trabajar con caballos en lugar de otros animales como, por ejemplo, perros, también depredadores.

En el Coaching Asistido con Caballos la relación es autentica desde el primer minuto: el caballo no conoce títulos ni rangos sociales, y contestará siempre de forma sincera y auténtica aunque alguien se empeñe en esconder su personalidad.

La persona no puede “escurrirse”. Por ello, esta relación sincera y directa se complementa perfectamente con los métodos clásicos de coaching o de formación que puedan desarrollarse junto con el coaching asistido con caballos.

El caballo permite descubrir emociones y sensaciones que se convierten en comportamientos o razonamientos conocidos por el cliente. Es decir, aparecen, durante el trabajo con el caballo, situaciones que representan la realidad. Al finalizar la sesión, el cliente generará la transposición de lo aprendido a la empresa o a su entorno privado.

Durante los ejercicios, el cliente estará en posición de poder delegar en el caballo la responsabilidad de caminar, trotar o incluso pasar obstáculos, al igual que lo haría en su empresa o entorno privado.

El reto consiste en conseguir una relación que permita delegar responsabilidad y provocar motivación suficiente para que el equipo (caballo) atraviese, por iniciativa propia, los obstáculos.

No existe riesgo cero trabajando con un animal tan poderoso, que pesa cerca de quinientos kilos.

Nuestros caballos han sido cuidadosamente seleccionados y entrenados para esta actividad por César de la Fuente cuya pericia es sobradamente reconocida en el mundo equino. César de la Fuente está siempre presente en las sesiones controlando el estrés que podría descargar el cliente o el grupo sobre los caballos.

En realidad, el mayor riesgo es que el caballo destape asuntos que jamás nadie se habría atrevido a revelar antes de la sesión